sábado, 19 de abril de 2014

Gozo es gozo.

“Gozo, es gozo”
“Mas el fruto del Espíritu es…,  gozo”
Gálatas 5:22 

El hombre no encuentra gozo verdadero hasta que encuentra con el señor Jesucristo y lo recibe en su vida. Solo entonces conoce lo que Pedro llama: “el gozo inefable y glorioso” (1 pd 1:8).
Cuando las circunstancias son favorables todos podemos experimentar gozo, pero el gozo que es del Espíritu santo no depende de las circunstancias terrenales, sino que Brota de nuestra relación con Cristo y depende de las promesas en su palabra, no del dinero, sexo u otras cosas. Tendríamos que destronar a Cristo de su iglesia para que no experimentáramos su gozo en nosotros.
El gozo del cristiano puede coexistir con el sufrimiento. Pablo los une cuando habla de: “toda paciencia y longanimidad con gozo” (col 1:11-12). Los tesalonicenses recibieron la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu (1 ts 1:6). A través de los años muchos han testificado como DIOS les da gozo, en medio de los sufrimientos por su causa.
El gozo puede convivir con la tristeza. Un cristiano real y genuino, puede estar al frente de la tumba de su ser más querido sobre la tierra, puede llorar, y sin embargo puede estar regocijándose en Cristo al saber que se hizo la voluntad de DIOS.
El gozo no puede coexistir es con el pecado. Cada vez que un cristiano peca, pierde su canto de alegría por uno de amargura y dolor en su corazón. Y no es hasta que el cristiano confiesa su pecado y lo abandona, que se le es restaurado su gozo. Si alguien no se arrepiente realmente de su pecado, el gozo que profesa es falso e hipócrita. Porque en su adentro está ardiendo al no arrepentirse y que difícil es acostumbrarse a vivir así, cosa que no se debe hacer y tristemente muchas veces hacemos.
Jesús enseño a sus discípulos que se regocijaran cuando fueran injuriados, perseguidos y acusados falsamente (mt 5:11-12). ¡Y así lo hicieron¡ no muchos años más adelante, leemos que salieron de la presencia del sanedrín: “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer por Cristo” (hch 5:41). Porque te injurian: ¿por tu hipocresía o por tu santidad? ¿Por ser uno con el mundo, o ser diferente a él?
Nuestro gozo aumenta a medida que crecemos en el conocimiento de quien es nuestro DIOS y señor.
Al principio podemos regocijarnos en medio de inconformidades pequeñas, en medio de burlas o enfermedades. Pero el Espíritu de DIOS desea llevarnos al punto donde podemos ver a DIOS aun cuando las cosas se vean cada vez peor.
Sabremos que hemos llegado a una madurez espiritual cuando podamos decir con Habacuc:
Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo,  yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar”. (Habacuc 3:17-19) 













miércoles, 9 de abril de 2014

Estudio de los Domingos.


Todos los domingos a las 9:30 am estamos estudiando la epístola a los Hebreos.
te invitamos a que nos acompañes a ver esta hermosa serie titulada: "nadie como Cristo".

libro de Rut. "una verdadera historia de amor"


todos los miércoles a las 7 pm, estamos estudiando este hermosos libro que nos muestra el amor de DIOS por el perdido.

martes, 8 de abril de 2014

Que lo perdones...

Que lo perdones…

“Antes sed benignos unos con otros,  misericordiosos,  perdonándoos unos a otros,  como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”
Efesios  4:32

El perdón bíblico tiene un orden que debemos seguir, que tristemente muchos no seguimos, pero si lo hiciéramos, nos evitaríamos muchos dolores de cabeza y de corazón.
Lo primero que debemos hacer cuando alguien nos ofende o nos causa algún tipo de mal, es perdonarlo en nuestros corazones. Aunque no le hemos dicho que lo hemos perdonado, pero lo hemos hecho en el corazón, dejamos el asunto entre el señor y el ofensor. Ese acto de perdón en el corazón, impide que nuestros jugos gástricos se vuelvan en ácido sulfúrico, y se afecte nuestra parte física y emocional.
El paso a seguir es ir al hermano y reprenderle (Lucas 17:3). En lugar de dejar que nuestra lengua corra contando el suceso a otros, debemos correr o apresurarnos a procurar colocar todo en orden: “Por tanto,  si tu hermano peca contra ti,  ve y repréndele estando tú y él solos;  si te oyere,  has ganado a tu hermano”  (Mat 18:15). Trata de guardar en privado el problema lo que más se pueda.
Si el ofensor no reconoce su falta, entonces: “toma aún contigo a uno o dos,  para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra” (Mat 18:16).Esto  proporciona un testimonio bíblico adecuado en cuanto a la actitud del ofensor.
Si aun así no cede: “dilo a la iglesia;  y si no oyere a la iglesia,  tenle por gentil y publicano” (Mat 18:17)
Pero si en algún momento del proceso se arrepiente debemos perdonarle, (Luc 17:3) “Mirad por vosotros mismos.  Si tu hermano pecare contra ti,  repréndele;  y si se arrepintiere,  perdónale”. Aunque ya le hemos perdonado en el corazón, es aquí cuando emana al exterior nuestra actitud perdonadora.
En este punto es importante y edificante no restarle importancia al asunto. No le digas: “no te preocupes, todo está bien; en realidad no hiciste nada malo”. Más bien lo que debemos decir es: “te perdono, pero lo que hiciste no lo vuelvas a hacer, la palabra de DIOS dice, tal en cuanto al asunto, pero por ahora, oremos juntos, te amo en Cristo”.
La vergüenza de tener que confesar y arrepentirse nuevamente, puede hacer que el ofensor no vuelva a incurrir en sus malas actitudes, además, al ver el amor de DIOS atraves de ti, pude ser sanado y limpiado.
Pero si luego la persona vuelve y comete su pecado y se arrepiente, debemos perdonarle nuevamente. Aun si lo hace 70 veces, esas veces debemos perdonarlo, pienses que sea sincero o no (Lucas 17:4)Y si siete veces al día pecare contra ti,  y siete veces al día volviere a ti,  diciendo: Me arrepiento;  perdónale”.
Nunca debemos olvidar que DIOS nos ha perdonado muchas faltas, así que cuando se trata de perdonar, debemos hacerlo igualmente. (Mateo 18:23-35)

Perdonemos  bíblicamente si queremos disfrutar el perdón (mateo 6:14-15).